lunes, 14 de abril de 2008

CRISTIANO DE VERDAD

A. Le costará su justicia propia.

Deberá abandonar el orgullo y alto concepto que de su propia bondad tiene; y deberá contentarse con ir al cielo como un pobre pecador salvado por la gratuita gracia de Dios y por los meritos y justicia de otro. Debe confesar que no hay nada sano en él. Debe abandonar la confianza en su propia moralidad y respetabilidad, y no debe basar su salvación en el hecho de que ha ido a la iglesia, ha orado, ha leído la Biblia y participado de los sacramentos, sino que debe confiar, única y exclusivamente, en la persona y obra de Cristo Jesús.

Aprendamos, pues, de una vez para siempre, que ser un verdadero cristiano costará a una persona perder su justicia propia.

B. Le costará sus pecados.

Deberá abandonar todo hábito y practica que sean malos a los ojos de Dios. Debe afirmar su rostro contra el pecado, luchar contra el pecado, romper con el pecado, mortificar el pecado, pese a lo que diga u opine el mundo. No puede establecer ninguna tregua especial con ningún pecado que amaba antes de su conversión. Debe considerar a todos los pecados como enemigos mortales de su alma y odiar todo camino de falsedad. Ez 18:31; Is. 1:16.

Esto parecerá muy duro para muchos; y es que a menudo nuestros pecados nos son más queridos que nuestros propios hijos. Separarnos del pecado es tan duro como separarnos de nuestra mano derecha, y tan doloroso como si nos arrancaran un ojo. Pero debemos separarnos del pecado; no hay otra alternativa posible.
Si deseamos ser amigos de Dios, debemos primero romper con el pecado.

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