Sé generoso
El malvado pide prestado y no paga, pero el hombre bueno es compasivo y generoso. Salmos 37:21
La Biblia nos muestra que Dios es un ser extremadamente generoso, que da su gracia para salvar a la humanidad. Podemos entender la gracia salvadora de Dios hacia las personas piadosas y religiosas, pero Dios también extiende su gracia a los ladrones y a las prostitutas. La gracia de Dios no es un regalo merecido. El sabe muy bien que no existe un ser humano que merezca su gracia.
Somos llamados a imitar la generosidad de Dios. El corazón generoso no pierde tiempo calculando si determinada persona merece ser ayudada o no, si está pasando alguna necesidad por su propia culpa, o si es que por culpa de otros está sufriendo la consecuencia.
Hoy día, la “caridad” hasta tiene un sentido despectivo. Creemos que si somos generosos, caritativos los otros se aprovecharán de nosotros, por eso muchas veces no hacemos nada. Tenemos que ser generosos, ofreciendo su amor, su tiempo, sus energías y sus bienes a los pobres. “Los buenos tienen placer en dar”.
La Biblia establece una conexión entre la bondad y la generosidad. Quien reconoce que la bondad es fruto de la generosidad y la gracia divina, también ayuda con alegría a quienes necesitan y descubre que sus reservas son siempre reabastecidas por Dios. Es como si tuviese siempre más y más para dar.
Piensa
Creer que las personas se aprovecharán de nosotros, si somos generosos, es un pretexto para no hacer nada.
Ora
Dios grandioso y bondadoso, enséñanos a ser generosos. Abre las puertas de la generosidad de nuestros corazones para compartir con los necesitados y con los que sufren. En Cristo. Amén.
viernes, 27 de febrero de 2009
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