Pedro
Y él jurando, lo negó otra vez: “No conozco a ese hombre!”
Mateo26-72
Pedro, el pescador, hacía todo de forma exagerada. Él caminaba y hablaba de forma exagerada, y hacía promesas que nunca podría cumplir. Él un día le dijo a Jesús: “Nunca lavarás mis pies” y luego después insistió: “no apenas mis pies, sino también mis manos y mi cabeza!” (Juan 13:8-9).
Una cosa es hacer promesas, otra es cumplir. Pedro negó tres veces que conocía a Jesús. Y cuando el gallo cantó, el remordimiento de Pedro fue tan grande, como la promesa que había hecho momentos antes. Este episodio nos hace reflexionar sobre los momentos en que fallamos, de las cosas que prometemos y no cumplimos. Como Pedro, lloramos por causa de esa parte humana, que dice “sí”, pero actúa como un “no”.
Sólo que la historia no termina ahí, con el llanto desesperado de Pedro. Cuando Jesús resucitó, se encontró con Pedro nuevamente, Él le invitó, a ese discípulo de corazón partido, a renovar su compromiso – y fue lo que Pedro hizo (Juan 21:15-19).
Decimos y rompemos tantas promesas – promesas a Dios, a nosotros mismos, a los demás... Pero lo bueno para todos aquellos que hacen y rompen promesas, es que existe el amor de Cristo, experimentado por Pedro y extendido a todos nosotros.
Piensa
Sólo el grande amor de Cristo, puede tomar en serio, a quien hace promesas y después no las cumple.
Ora
Perdóname Señor por negarte... ayúdame a mantener mis promesas. Gracias por amarme lo suficiente para comprender, perdonar y restaurar mi vida. Te lo pido, en nombre de Jesús. Amén.
miércoles, 29 de abril de 2009
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