Dones versus Fruto
“De este modo no les falta ningún don de Dios mientras esperan el día en que aparezca nuestro Señor Jesucristo”
1 Corintios 1:6
Si en una iglesia se manifiestan varios dones espirituales – y los más visibles son los de lenguas y sanidad, concluimos que esa es una iglesia viva, espiritualmente madura. Podemos estar equivocados. Según Pablo, no le faltaba a la iglesia de Corinto ningún don espiritual, pero al mismo tiempo, dijo que les tenía que hablar como si fuesen inmaduros, niños espirituales. (Corintios 3:1)
Lo que define mi madurez espiritual, o mi fe, no son los dones, sino el Fruto del Espíritu. El fruto del Espíritu comienza en el camino que es el mejor de todos (1 Corintios 12:31) el amor. No debemos impresionarnos cuando alguien ora en lenguas, o cuando alguien ora y la persona que recibe la oración se sana. Debemos desconfiar de aquellos que demuestran consagración y dicen “el Señor me reveló”. Debemos impresionarnos sí y glorificar a Dios, cuando un padre trata con dedicación a sus hijos, cuando un marido perdona a su esposa, cuando las parejas demuestran amor, cuando alguien reparte lo que tiene para aliviar el hambre de su prójimo, cuando alguien gasta horas enseñando la Biblia a otra persona. En fin, cuando el fruto del Espíritu se manifiesta al hablar y al actuar, en la vida de aquellos que aman a Dios. ¡El buen árbol es conocido por sus frutos y no por sus hojas!
Piensa
Lo que define mi madurez espiritual no son mis dones, pero sí, el fruto del Espíritu.
Ora
Ayúdame Señor a no producir solamente hojas, sino frutos. Frutos de una vida que sirve con dedicación, que busque el bienestar de los demás, y el crecimiento de tu Reino. En nombre de Jesús. Amén.
lunes, 9 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario