la rabia
Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo.
Efesios 4:26
La Biblia nos enseña que hay dos tipos de ira: “la justa y la pecaminosa”. La ira es justa cuando el cristiano queda bravo e indignado con el pecado. Él abomina el pecado... muchas veces, sin embargo, la ira es pecado. De ahí las recomendaciones de Pablo, para que nuestra ira no se convierta en pecado, por guardarla en nuestros corazones. En otra versión bíblica, la expresión enfatiza: “No dejen que el sol se ponga sobre vuestra ira”.
Aún los creyentes sinceros, viven constantemente con ira, a veces por cosas vanas, como una llanta pinchada, un líquido derramado, un objeto perdido. En ese momento, es bueno ralajarse, dar un paseo, hacer alguna actividad social, algo que enfríe nuestros nervios.
Mismo luchando contra la ira, muchos creyentes se irritan con facilidad, viene la explosión, el descontrol, en general cerca de personas que no quieren herir, se levanta un muro que los divide y los separa.
La ira pecaminosa, levanta también un muro entre nosotros y Dios. Es una ira destructiva, a veces esa rabia excesiva, puede venir de problemas químicos o fisiológicos. Ahí necesitamos ayuda médica. Pero aún así, debemos también contar con la ayuda del Espíritu Santo, que fructifica en nosotros la mansedumbre, la bondad y el dominio propio.
Piensa
La ira envenena nuestro espíritu, enferma el cuerpo y causa mucho mal a las personas de nuestro rededor.
Ora
Padre celestial, derrama tu Santo Espíritu, para que podamos controlar nuestra ira, en vez de ofender y herir. Que tengamos humildad para reconocer que necesitamos ayuda.Pedimos. Amén.
sábado, 18 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario