Qué vergüenza
No hay condenación para los que están en Cristo Jesús.
Romanos 8:1
Actualmente, no es algo nuevo escuchar de escándalos morales entre grandes líderes. El Rey David escribió el Salmos 51, después de una crisis que sacudió su gobierno. Él pensaba que nadie sospechaba nada, pero descubrió que Dios ve, inclusive a pesar de los disfraces. En ese Salmos, David derrama delante de Dios su culpa. Su corazón está quebrantado; él se siente moralmente sucio y con la necesidad de un baño espiritual: “Lávame de toda culpa y purifícame de mi pecado”.
Hoy infelizmente, hay muchas personas en nuestra cultura que piensan que los sentimientos de David no son apropiados, dicen que la culpa es irreal, y que la confesión y el perdón no son necesarios. Pero ellos están equivocados. Muchos de nosotros cargamos culpas del pasado. En nuestros fueros internos, sabemos que por herir profundamente a los otros, asumimos nuestra culpa y nos sentimos sucios. ¿Cómo podemos ser limpios?
David entendió que debemos ser lavados por el propio Dios. Y es exactamente eso lo que Jesucristo vino a hacer. Vino para sacar y remover nuestra culpa; y un día Él la clavó en la cruz. Cristo cargó sobre sí todas nuestras fallas para que “no haya condenación” sobre aquellos que “creen y confían en el sacrificio” que los limpiará de toda maldad.
Piensa
Sentimiento de culpa, es un sentimiento que mata lentamente y con mucho sufrimiento.
Ora
Amado Dios, ya no queremos nunca mas esconder la verdad de tí. Sabemos que tú ves todas nuestras culpas. Por medio de Cristo, perdona nuestros pecados y libértanos. Amén.
viernes, 6 de marzo de 2009
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