Sin miedo
En el día que temo, yo en ti confío.
Salmos 56:3
Cuando mi sobrino era pequeño, no tenía miedo a las alturas. Su padre un día lo encontró en la punta de los gajos de un enorme árbol y su madre lo encontró jugando en el tejado de la casa, y esto porque un día que el albañil que estaba restaurando las canaletas, había dejado olvidadas las escaleras. En estos casos, un poco de miedo sería bueno para proteger aquel niño del peligro.
Sólo que ni todo miedo es saludable, algunos de nosotros luchamos con el miedo que nos limita a nuestra obediencia a Cristo. Temores escondidos nos roban la alegría.
Cuando Jesús anduvo sobre el mar y Pedro aceptó el desafío de salir del barco a su encuentro, él fue sorprendido súbitamente por ese sentimiento. Pedro se encontraba en pleno mar, sólo que cuando comenzó a sentir el fuerte viento tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor sálvame! Pedro había perdido la atención en Jesús. Él siente una mano fuerte que lo asegura y lo salva de las aguas y del miedo... es la mano de su Señor, que minutos atrás les había dicho a los discípulos: ”tened ánimo; soy yo, no temáis!” Cristo continúa encontrando discípulos que piensan que las aguas de la vida los están hundiendo, sólo que él continúa extendiendo su mano fuerte para socorrer.
Piensa
Tened ánimo;
soy yo, no temáis.
Ora
Señor, vivir una vida sin miedo... a veces parece que eso no es posible, sólo que cuando sentimos la mano fuerte de Jesús agarrándonos, sabemos que estamos protegidos y seguros. En nombre de Cristo. Amén.
domingo, 15 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario