En el fin de la línea
Después del fuego hubo un silbido apacible y delicado.
1 Reyes 19:12
Elías era un hombre que conocía la victoria. Con el poder del Señor, él había vencido a los profetas de Baal (1 Reyes 18). Sólo que días después, Elías se escondía en las montañas, en total desespero... ¿Qué fue lo que pasó?
Elías tenía manía de grandeza. En el monte Carmelo, al vencer a los sacerdotes de los dioses paganos, él creía que había acabado de una vez con el paganismo de su sociedad, se dió cuenta que se había equivocado... el terrible Acab había permanecido en el trono. Y su furiosa y sanguinaria reina, Jezabel, había mandado buscarlo – ¡debería ser traído vivo o muerto! Por tanto, ahora Elías se escondía, se sentía amargado y pensaba ser el único fiel a Dios. Algunos de nosotros ya tuvimos ese tipo de experiencia... momentos fantasiosos, utópicos, a respecto de como Dios nos va a utilizar para hacer prosperar Su reino. Sólo que nuestros planes se desmoronan, y al igual que Elías nos preguntamos si alguien, realmente se importa con el reino de Dios. Queremos reclamar y decir: “soy el único que sobra”.
Elías necesitaba aprender más a respecto del trabajo de Dios en el mundo. Él esperaba que Dios trabajase con acontecimientos amedrentadores como terremotos y fuego. Pero en la montaña Elías aprendió que Dios trabaja también con vientos suaves.
Piensa
Podemos ser tan presumidos, al punto de pensar que somos los únicos fieles a Dios en el mundo.
Ora
Señor, cuando nos sintamos fracasados, recuérdanos de que formamos parte de una gran comunidad de creyentes, que ya están trabajando para ti, en todos los lugares del mundo. Amén.
miércoles, 11 de marzo de 2009
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