La invitación de una madre
Todos los que tengan sed, vengan a beber agua...
Isaías 55:1
Tenemos recuerdos maravillosos de nuestras madres. Uno de los mejores recuerdos que tengo de mi madre es cuando llamaba a todos sus hijos para almorzar. La comida estaba lista y escuchábamos, en alta voz que decía: “¡Vengan todos, se está enfriando!”
La lectura de hoy nos ofrece una invitación maravillosa que comienza con una palabra familiar: “Vengan”. Hablando de parte de Dios, el profeta Isaías invita a ricos y a pobres a que vengan y disfruten de las bendiciones que el dinero no puede comprar. Con esas palabras, Isaías estaba proclamando un tiempo en que Dios traería bendición por medio de un gran Salvador, y muchos años después, Jesús cumplió esa promesa.
Jesús dice: “Dejen que los niños vengan a mi, no los impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.” (Mateo 19:14) Un día, Jesús conversaba con la mujer samaritana y le dijo: “...el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. (Juan 4:14)
Dios nos invita a saciar nuestra sed y sin costo. El agua ofrecida por Jesús es agua de vida que fluye de la cruz y de la tumba vacía. Es el agua del perdón, que fluye en la vida de cada fiel. Es necesario aceptar la invitación para beber, y es necesario ofrecer a otros. Hay un mundo sediento en espera de ésta agua.
Piensa
“Un hombre con hambre no es un hombre libre.” Adlai Stevenson
Ora
Señor, somos gratos porque tu nos invitas a participar de tu banquete de amor. Ayúdanos a ver y a alcanzar a otros que están sedientos de tener una vida en familia. En nombre de Jesús. Amén.
viernes, 15 de mayo de 2009
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