Nuestro procedimiento
Evita que te desprecien por ser joven; más bien debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte,...
1 Timoteo 4:12
Una de nuestras hermanas de la iglesia, dueña de una auto escuela, fue junto al gerente de una compañía revendedora de autos para comprar un nuevo auto. Cuando el vendedor le presentó el valor del vehículo, intentó argumentar diciendo: “Ese precio está muy caro, al final comos creyentes. El vendedor y dueño de la compañía, miembro de una iglesia evangélica replicó: “Sí hermana, ¡religión es una cosa, los negocios son aparte! ¿Será que eso es cierto? ¿El creyente en el Señor Jesús, comprometido con el Reino de Dios, que es “justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17) puede realizar cosas distintas dependiendo de la situación que enfrenta? ¡Evidentemente que no! La vida del cristiano es un todo indivisible y cualquier procedimiento tiene que ver con lo que es: una nueva criatura.
Cuando somos regenerados por el Espíritu Santo, cambiamos nuestro modo de vivir, dejando de lado las cosas vanas y procuramos agradar a Dios, de tal manera que inclusive nuestros labios y el meditar de nuestro corazón sean agradables al Señor y Redentor (Salmos 19:14). Es imposible para un creyente en cuyo corazón fluye el amor de Dios, separar su fe de sus negocios, sus palabras de sus actitudes.
Piensa
Más allá que la ley de los hombres, nuestro árbitro debe ser la ley de Cristo.
Ora
Señor Jesús, danos fuerzas, sabiduría y discernimiento para que en mis negocios y relaciones yo pueda glorificar Tu Nombre. Que sea un instrumento de tu justicia y paz por donde vaya. En tu nombre, oro. Amén.
martes, 8 de septiembre de 2009
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