miércoles, 9 de septiembre de 2009

CADA DIA. MENSAJE HOY

Felicidad aparente

Ahora voy a hacer la prueba divirtiéndome; voy a darme buena vida. ¡Pero hasta eso resultó vana ilusión!
Eclesiastés 2:1


Dionisio, el Antiguo, fue un tirano que vivió 405 a 367 a.C. en la ciudad de Siracusa. Entre sus súbitos se encontraba Damocles, quien envidiaba la felicidad del tirano. Queriendo mostrarle las facetas del poder y de la gloria, Dionisio lo invitó a asumir su lugar en una fiesta, ordenando que lo tratasen como si fuese él mismo. Admirado con tanta pompa, Damocles se creía el hombre más feliz del mundo, hasta que miró arriba. Sobre su cabeza estaba una pesada y bien afilada espada que estaba sujeta solamente con un hilo de cola de caballo. Temblando y abatido, entendió Damocles lo que era felicidad de un tirano.

No es malo querer vivir bien, tener bienes materiales, disfrutar de los beneficios de una vida abastecida y con abundancia en la compañía de personas a quienes amamos. El problema de ese proyecto es enfatizar solamente el lado bueno de esta situación, dejando de considerar las exigencias que trae consigo ese estilo de vida. Nada se construye en éste mundo sin mucho trabajo, sacrificio, determinación, disciplina y riesgo. Aún cuando se recibe algún bien por herencia, o esfuerzo personal, es necesario mucha sabiduría y diligencia para preservar. El exagerado asombro trae consecuencias dolorosas. La felicidad depende del equilibrio entre el sueño y el precio que se paga para realizarlo.



Piensa

Lo que importa es lo que yo soy, lo que yo hago y cuanto contribuyo para alcanzar lo que quiero.

Ora

Señor, Dios mío. Se que quieres mi felicidad. Enséñame a conquistarla según tu voluntad, sabiduría e instrucción. Líbrame de la codicia y de la envidia. En nombre de Cristo Jesús te pido. Amén.

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