Proclamando la gracia
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Hechos 8:30
Creyentes e incrédulos se van cuando escuchan la palabra “testimonio”. En la iglesia, hay personas dispuestas a hacer una torta, cuidar del sonido, cambiar pañales en la clase de bebés y hasta limpiar los baños, pero no quieren testificar. Si en un churrasco en la iglesia, decimos fuerte la palabra “evangelismo”, tal vez no seamos invitados nunca mas.
Felipe tenía motivos para no querer aproximarse del etíope: 1. él no era etíope y existía un mundo diferente entre ellos; 2. se sentía inferior, el etíope era un oficial del gobierno, secretario del tesoro nacional; 3. habían matado a su amigo Esteban, por testificar.
Pero de todas maneras Felipe obedeció. ¿Por qué? Tal vez escuchó el susurro del Espíritu Santo diciéndole: “yo te colocaré las palabras en tu boca para que hables a respecto de mí.
Sabemos que Dios preparó el corazón del etíope, llevándolo a leer el texto sobre Jesús y haciendo que pregunte a Felipe el significado. Con el toque de Dios y el testimonio del hombre, él creyó. Si pensamos en “testificar”, no como estrategia de marketing, sino como obediencia al mandato de Dios de acercarnos a las personas que Él pone en nuestro camino. De esa manera, tal vez nuestro coraje crezca y tal vez Dios nos use para ayudar a mudar la vida de una persona para la eternidad.
Piensa
¿Qué es lo que pasa por mi corazón cuando existe el desafío de testificar?
Ora
Señor, prepara el corazón de las personas que tienen dudas espirituales sinceras y que se acerquen a nosotros. Danos también las respuestas que necesitamos, para compartir tu verdad y tu amor. En cristo. Amén.
lunes, 17 de agosto de 2009
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