Corazón acogedor
“... y busca a uno llamado Saulo de Tarso; porque he aquí él ora...”
Hechos 9:11
No es fácil integrarse dentro una comunidad cristiana. Es necesario que alguien que está adentro abra camino, para la persona que llega.
A veces veo a una persona sola, parada en la puerta de la iglesia, que se esconde en los rincones, esperando que alguien se acerque para conversar con ella, debe estar pensando si vuelve otra vez o no. Veo a un joven que comenzó a frecuentar la iglesia, porque le agradó la reunión juvenil. Veo otra persona que está buscando la clase de los bebés, para dejar a su niño y poder asistir con más tranquilidad a la predicación. Estas personas no tienen todavía a nadie que pueda mostrarles que son bienvenidos. Observo a aquel anciano en un rincón, puede ser que sea la primera vez en 60 años, que pone los pies en una iglesia.
Podemos decir: si Dios me mostrase a quien recibir, haré eso con placer. Pero cuando Dios pidió a Ananías que fuese a ayudar a Pablo, él respondió que ¡no iría! No habrá sido fácil amar a Pablo “el perseguidor de los cristianos”, pero Ananías arriesgó su vida.
¿Por quién haríamos el papel de Ananías? Tal vez este domingo aparece en la iglesia alguien a quien nunca pensamos ayudar. Quien sabe, alguien que todavía no está totalmente convencido de que Dios realmente existe.
Piensa
Ananías arriesgó la propia vida para recibir a Pablo. ¿Por la salvación de quién arriesgarías la vida?
Ora
Padre, hoy oímos tu llamado para acoger a alguien diferente a nosotros; danos la gracia que le diste a Ananías. Ayúdanos a ver a los nuevos convertidos, como hermanos y hermanas. Amén.
martes, 18 de agosto de 2009
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