Juan y María
“... Mujer, he ahí tu hijo”.... Después dijo al discípulo: “ He ahí tu madre”.
Juan 19:26-27
¿Quién es mi hijo o hija? ¿Quiénes son mis padres? ¿A qué lugar pertenezco? Un lugar para encontrar la respuesta sería buscar en el árbol genealógico. La sangre que amarra a los árboles genealógicos, crea un eslabón entre padres y hermanos, abuelos y otros parientes – sin importar si se quieren o no.
Otro lugar para buscar sería en la ley. Las leyes unen a las personas – no importa si continúan amándose o no.
Experiencias que surgen en determinadas circunstancias, nos traen emociones que también crean un sentimiento familiar. Los soldados se vuelven “hermanos armados”. Estudiantes se reúnen en casas estudiantiles. Entrenadores se vuelven figuras paternas. Mejores amigos se vuelven más cercanos que los hermanos.
Jesús nos da la más profunda respuesta para la cuestión familiar de ser aceptado. Desde la cruz él encomendó a su discípulo amado que cuidara a su sufrida madre.
Solamente Jesús une a las personas de todas las razas, nacionalidades y generaciones en una comunidad espiritual conocida como la familia de Dios. En la familia de Dios, nadie tiene por qué sentirse solo ó abandonado.
Piensa
En la familia de Dios nadie tiene por qué sentirse solo ó abandonado.
Ora
Señor Jesús, da consuelo a las personas que sienten que no tienen un lugar donde ser aceptados. Únenos en una sola familia espiritual, que vendría a ser la iglesia. Gracias por hacernos uno Amén.
sábado, 18 de abril de 2009
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