Nicodemos
Él estaba acompañado de Nicodemos, aquel que antes había visitado a Jesús en la noche.
Juan 19:39
A un joven cristiano le era muy difícil ir a su nuevo empleo todos los días. Él no se conformaba con las palabrotas y con las palabras ofensivas que escuchaba todos los días. Se sentía oprimido por la atmósfera negativa y la manera de convivencia que era contra sus valores, y su fe. Pero eso cambió cuando conoció a alguien que compartía la misma fe.
José de Arimatea, un discípulo secreto de Jesús, también tenía un hermano cristiano en el territorio enemigo. Su nombre era Nicodemos, y él también era un miembro del Sinedrio. Nicodemos cierta vez, buscó a Jesús, de noche, para conversar acerca de Dios. En este famoso diálogo sobre la necesidad de “nacer de nuevo”, Nicodemos fue el primero en oír decir a Jesús: “Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
José y Nicodemos se habrán sentido confortados al saber que eran hermanos en Cristo. Así fueron capaces de sustentarse el uno al otro, en la tarea difícil y arriesgada de preparar el sepulcro para el cuerpo del hombre que había mudado sus vidas para siempre.
Quien no tiene un compañero, un amigo en Cristo debe pedir a Dios . Quien tiene, debe siempre agradecer esa dádiva.
Piensa
Feliz quien tiene un compañero, un amigo leal, en el trabajo, en la escuela, y en la vida.
Ora
Perdóname Señor, por las veces en que tenté caminar solo. Ayúdame a encontrar un hermano o una hermana en Cristo, para caminar contigo. Gracias por unir a tus hijos en tu amor sin límites. Amén.
viernes, 24 de abril de 2009
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