El ladrón arrepentido
“Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más este ningún mal hizo”.
Lucas 23:41
Justicia, es tener lo que merecemos, es recibir el pago después de un día duro y honesto de trabajo. Es recibir una multa por alta velocidad. Es recibir un premio por buen comportamiento y un castigo por el malo.
Uno de los criminales crucificados con Jesús, tenía noción de lo que era justicia. A pesar de la vida de criminal que había llevado, él sabía lo que era justo y sabía también a quién debía temer. “Nosotros estamos recibiendo nuestro justo castigo” “¿Tú no temes a Dios?”... le dijo al otro criminal, que continuaba insultando a Jesús.
Cuando se trata de justicia, estamos todos en problemas con Dios. ¿Quién puede contar las innumerables veces que distorsionamos la verdad y actuamos sin amor? A causa de las tantas maneras que erramos y ofendemos a Dios, su justicia nos dice que merecemos la muerte. El criminal entendió eso muy bien.
La misericordia, por otro lado, no es recibir lo que merecemos. Al borde de la muerte, el ladrón imploró: “Jesús: acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”. Su pedido de misericordia tocó el corazón de Jesús, que le respondió: “De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Piensa
Delante de Dios no se debe pedir justicia, pero sí por misericordia.
Ora
Perdóname, Señor Jesús. Enséñame a aceptar mis errores, a tener un corazón humilde y agradecido, y a siempre buscar tu perdón. Reconocemos que somos malos y pecadores. Amén.
lunes, 27 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario