José de Arimatea
José tomó el cuerpo... y lo colocó en un sepulcro nuevo.
Mateo 27:59-60
Él era un hombre rico, miembro del Sinedrio. Parecía tener todo, pero José de Arimatea tenía un deseo profundo e inalcanzable. Él quería un mundo mejor, donde reine la paz, lleno de bondad y de la gracia de Dios. Deseaba ardientemente el Reino de Dios.
Encontrar a Jesús fue algo maravilloso y chocante. Aquí finalmente estaba el Mesías, que vivía por amor. El corazón de José resonaba con todo lo que Jesús decía o hacía. Un día José tomó la decisión secreta de seguir a Jesús. Fue difícil vivir con un secreto que transformó su vida y llenó sus más profundas ansias. Era aún más difícil cuando veía a la persona que él admiraba en secreto, siendo burlada en público. Para José de Arimatea, guardar ese secreto ya era imposible. Entonces cuando el resto del Sinedrio decidió prender a Jesús, el votó en contra. Cuando Jesús murió, él le pidió a Pilatos para remover el cuerpo y lo llevó para el sepulcro de su propia familia. Imaginen lo que todos deben haber pensado.
Como una flor que busca su fuerza en el suelo, la fe debe encontrar su expresión.
Independiente del costo que eso ocasionaría, José de Arimatea hizo con que su relación con Jesús fuese conocida. Es una decisión personal, difícil, pero que tiene que ser hecha por todos los que creen.
Piensa
¿Es posible guardar un secreto que transformó nuestras vidas y llenó nuestros más profundos anhelos y ansias?
Ora
Perdóname Señor, por pensar que la fe puede ser una cuestión particular. Dame el deseo y el coraje de reconocerte en público. Gracias por reconocerme delante de Dios y de los hombres. Amén.
jueves, 23 de abril de 2009
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