Abriendo espacio
“Vuelvan, quédense tranquilos y estarán a salvo.”
Isaías 30:15
Sufrimos de una enfermedad que ni sabíamos que existía. La “enfermedad de la prisa”. Ella nos aflige porque no tenemos tiempo suficiente para hacer todo lo que necesitamos hacer. La enfermedad de la prisa es evidente cuando no tenemos paciencia ni para hacer un pedido en un restaurante tipo Fast-food.
Isaías vivió en un tiempo en que había una epidemia de la enfermedad de “la prisa” en Israel. El país estaba sobre una amenaza militar y en medio de una crisis. Ejércitos necesitaban ser entrenados y tropas necesitaban ser equipadas. En aquella correría desenfrenada, se olvidaron de su líder, el verdadero Rey de Israel, el Dios Eterno. Isaías pidió para que Israel fuese más despacio y diese lugar a Dios. Ese consejo, es muy bueno para todos nosotros también. En nuestro vivir diario, lo que es urgente, muchas veces nos lleva a dejar de lado lo que realmente es importante. En nuestros momentos de urgencia, Dios frecuentemente es ignorado y dejado de lado.
Pero nada es más importante que Dios. Por tanto, necesitamos abrir un espacio para su presencia en nuestras vidas, en nuestros corazones. Una vida espiritual comienza al construir una relación con Dios. “El Señor continua esperando porque quiere ser bondadoso y tener compasión de nosotros.” (Isaías 30:18)
Piensa
Diariamente vemos que lo urgente ocupa el lugar de lo que verdaderamente es importante.
Ora
Señor, parece que nunca existen horas suficientes en un día. Pero, tal vez, nuestras prioridades estén equivocadas. Ayúdanos a darte la absoluta prioridad y a seguir tu liderazgo todos los días de nuestra vida. Amén.
lunes, 12 de enero de 2009
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