Oración e intimidad
“Señor, enséñanos a orar”
Lucas 11:1
Se cuenta la historia de un niño que durante los tres primeros años de su vida, no pronunció una sola palabra. Sus padres intentaban de todas las maneras para hacerlo hablar. Finalmente, un día, en la mesa del comedor él dijo sus primeras palabras: “¡Arvejas frías!” ¡Todos se alegraron!, le preguntaron “¿por qué no dijiste nada hasta ahora?” Él respondió: “hasta ahora estaba todo muy bien”.
Dios espera que sus hijos digan alguna cosa. Días, meses y años pasan, y nosotros no abrimos nuestras bocas. Apenas cuando tenemos algo que reclamar es que nos sentimos motivados a hacer de la oración una prioridad. Apenas cuando las arvejas de nuestras vidas están frías es que pensamos hablar con nuestro Padre Celestial. Pero la oración no es una sensación de lavar ropa sucia con Dios. Al contrario, es una oportunidad para mantener una intimidad con Dios, que nos sostiene, a través de los tiempos tranquilos y difíciles.
Orar solamente cuando estamos en dificultad es como conversar con nuestra pareja solamente cuando estamos enfrentando algún conflicto que no aguantamos. Esa no es la mejor hora para construir puentes de comunicación. Es necesario comunicarse siempre. Hoy es tiempo de orar.
Hoy es tiempo de hablar con Dios.
Piensa
Orar solamente cuando estamos en apuros es como conversar con nuestra pareja cuando estamos en crisis.
Ora
“Señor, enséñanos a orar”. Enséñanos no solamente a utilizar vocabularios propios de la oración, sino llévanos a tener una relación de oración que sustente nuestra jornada diaria de fe. Amén.
lunes, 19 de enero de 2009
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