El fin de todas las cosas
“el Señor Jesucristo, que cambiará nuestro cuerpo miserable para que sea como su propio cuerpo glorioso”
Filipenses
3:20-21
El objetivo de nuestra jornada en este mundo es ser moldeados a imagen de nuestro salvador Jesucristo. Poco a poco, Dios va puliendo aspectos de nuestra personalidad, aspectos que impiden mostrar la personalidad de Cristo. Como un orive que refina un metal precioso, hasta alcanzar la pureza que lo permite ver el reflejo de su propio rostro en el metal. El Señor también nos refina para poder ver su rostro en nuestras vidas. ¡Qué milagro!
El Apóstol Juan nos dice que, cuando Cristo vuelva, seremos semejantes a Él, como lo vemos en su gloria. Pablo nos recuerda que esa semejanza va más allá de la personalidad parecida con Cristo, incluye hasta nuestra apariencia física. Él dice: “Cristo transformará nuestro cuerpo débil y mortal, y hará con que sea igual a su glorioso cuerpo.” (Filipenses 3:21)
Algunos de nosotros luchamos con mucha fragilidad física. Nuestro físico muchas veces no puede hacer lo que deseamos. Inclusive, algunos ejercicios espirituales exigen ciertas aptitudes físicas. No podemos servir a otros como nos gustaría porque nuestras mentes divagan y no conseguimos razonar con claridad. Hoy, vamos a vivir en la esperanza que nos trae alegría por medio de la resurrección. Estamos siendo transformados de gloria en gloria.
Piensa
Oh Señor, así como el orive, refina nuestro ser, hasta que veas tu rostro reflejado en nuestras vidas.
Ora
Señor, continua trabajando nuestras vidas. Llénanos con la alegría de saber que aquel que comenzó el buen trabajo en nosotros, lo completará hasta el día del regreso de Cristo. En nombre Jesús. Amén.
sábado, 31 de enero de 2009
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