miércoles, 7 de enero de 2009

EL PROGRAMA Y EL PROPOSITO DE DIOS PARA USTED

EL PROGRAMA DE DIOS


EL PROGRAMA DE DIOS
El propósito de Dios en Efesios 1.
Escogidos antes de la fundación del mundo.
Para adentrarnos en el estudio del propósito
De Dios revelado en la Palabra, es conveniente realizar con detenimiento la lectura de Efesios 1:1-14:

"1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso: 2Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.".

El Señor ha revelado sus propósitos, para que el hombre sepa de dónde ha venido, para dónde va y cuál ha sido el motivo de Dios para que lo instalara en esta tierra. También hemos de entender que El Señor ha hecho cosas profundas y maravillosas, por las cuales debemos en todo tiempo dar gracias; pero nos olvidamos de ellas y nos ocupamos de las más sencillas. En la carta de Pablo a los Efesios encontramos algunas de esas cosas profundas y maravillosas de Dios.

Al analizar el texto en Efesios 1, comenzamos con el verso 3: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo". Pablo en su carta a los Efesios reconocía esta maravilla de Dios Padre. En un decreto eterno de Dios, antes de la creación, el Padre nos bendijo; decretó toda bendición espiritual, y nos escogió antes de la fundación del mundo, y según nos escogió, nos bendijo. En el verso 4 lo confirma, cuando dice: "...según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él". Aquí bendecir significa pronunciar un decreto a nuestro favor; Dios proveyó toda bendición según nos escogió para producir en nosotros el cumplimiento de ese propósito. Un plan de Dios, una elección, una bendición en virtud de la cual alcanzamos ese propósito.

Dios pronunció un decreto de bendición completa para que sus escogidos alcancen Su propósito; escogidos antes de la fundación del mundo para que se cumpla un propósito de Dios. El verso 5 dice:

"...en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad".

Predestinados significa dar un destino por anticipado; Dios no tiene que esperar a nadie para que tome la decisión. Hemos sido adoptados; en el original griego esta palabra tiene un sentido más profundo que en nuestro idioma; se puede traducir como filiación (philios), afiliarnos hijos suyos. Dios nos hace Sus propios hijos. En 2 Pedro 1:3-4, leemos: "1Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina...". La naturaleza superior es la naturaleza divina, nos hace hijos (hijificar, en el griego), participantes de su misma naturaleza; que lo que hay en nosotros de Él, se desarrolle. La vida divina (vida eterna) es la misma vida que Dios nos da. No es cualquier vida; no es la vida biológica, la creada; tampoco es la vida psíquica. Dios nos quiere hacer partícipes de su naturaleza; quiere forjarse en nosotros, formarse y contenerse en nosotros.

Todo lo que pertenece a la vida y a la piedad nos fue dado, por medio de Jesucristo; es el elemento que utiliza Dios; nos lo da como vida, como injerto; lo que Él logró espiritualmente debe ser formado en nosotros, por su puro afecto. Dios se propuso hacer muchos hijos como Su Hijo, y por eso hace que Su Hijo se forme en nosotros, para alabanza de la gloria de Su gracia. El verso 6 dice: "...para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado".

La gracia de Dios es tal, que produce gloria y alabanza. Es una obra maestra que Dios está realizando en nosotros, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.

Leemos los versos 7-9: "...En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo...". Aceptamos por gracia algo que Él quiere darnos gratuitamente. En el Amado tenemos redención; eso implica rescatar algo que se había perdido y volverlo a encaminar conforme a Su plan; gracia que hizo sobreabundar. La gracia no sólo no termina en la redención, sino que nos rescata para llevar adelante ese plan, en función del propósito de Dios para algo definido. Se trata de un propósito definido e inmutable de Dios, en el cual Él no quedará frustrado. La salvación es sólo el principio, no es el fin; es un medio para llevar a cabo Su plan. La gracia de Dios también se ocupa de ese propósito para el cual nos salvó. Dios nos salvó de ir a pique y nos salvó para un propósito.

Sigue diciendo en el verso 10: "...de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra". Reunir algo que estaba disperso, para que Cristo sea el centro, el sentido de todas las cosas; Cristo es quien le da sentido y realización a todas las cosas. Todo aquello que no funciona alrededor de Cristo, está desubicado. Antes, por razón de no tener a Cristo, nos encontrábamos perdiendo el tiempo; como si no tuviera objetivo ni sentido la vida, ignorando el propósito para el cual fue diseñado el hombre. Cuando la Palabra habla de reunir todas las cosas en Cristo, se refiere a Cristo corporativo. El verso 11 dice: "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad". La Palabra aquí habla ya del Cuerpo; esos tiempos van hacia un cumplimiento. Dios nos salvó para un propósito.

El propósito de Dios en Romanos 8.

Predestinados a un propósito.

En Romanos 8:28 leemos: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados". En este verso encontramos una palabra clave: propósito. Dios tiene un propósito eterno, claro, definido y revelado en Su Palabra. Dios ha llamado a ese propósito a los que le aman. Los escogió y los llamó para eso; esos son los que ponen a Dios en primer lugar (llamados conforme al propósito). Los llamados por Dios para Su propósito, son los mismos que le aman, y a ellos todas las cosas les ayudan a bien; a ellos todas las cosas les están sujetas a un bien, sin que el Señor exceptuara nada. A nosotros no nos puede suceder sino el bien, aun las cosas dolorosas; detrás de lo que parece difícil, está el rostro del Señor, aun los ataques del mal, para configurarte al plan de Dios, a formarte conforme a Su propósito. En el caso de Dios, Él no tiene que esperar para que tú tomes decisiones. A los que antes conoció les dio un destino, como dice en el verso 29: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos". El Señor nos está conformando a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Dios quiere que el lugar central lo ocupe Su Hijo, porque la centralidad le pertenece a Cristo. No se trata simplemente de reunir por reunir, alrededor de cualquier cosa. Sin embargo, Satán siempre ha querido rivalizar con Dios y ha querido ocupar ese lugar central que le corresponde a Cristo. Debemos tener clara conciencia de la enemistad que existe entre la Simiente de la mujer (Cristo) y la simiente de la serpiente (Satanás). En Génesis 3:15 encontramos la primera profecía: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal". El propósito de Dios es la centralidad de Cristo; el propósito de Satán, ocupar esa centralidad. Dios ha estado trabajando por la unidad. No se trata de cualquier tipo de unidad; hay otras unidades que no son de Dios. Dios quiere la auténtica unidad alrededor de Su Hijo; un solo Cuerpo. Dios conoce todo anticipadamente. Dice el texto sagrado en 1 Pedro 1:2: "...elegidos según la presciencia de Dios Padre...". Dios nos conoció primero y la presciencia (el anticipado conocimiento) de Dios le facilitó el habernos llamado. Todo lo que sucede en nuestra vida, es para gestar la Iglesia. También dice en romanos 8:30: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". Es un derecho de Dios, irreversible, para que se cumpla; y esto se dio en Cristo. De lo anterior podemos deducir tres conceptos claros del corazón de Dios:

1. Dios tiene presciencia, o sea que conoce todo anticipadamente.

2. Dios tiene propósito, y para cumplirlo, eligió y predestinó.

3. Dios bendijo. Para que aquellos conocidos, elegidos, predestinados, pudieran alcanzar ese propósito, nos bendijo con toda bendición espiritual en Cristo, según nos escogió en El antes de que el mundo fuese.

El trabajo de Dios está contenido en Su Hijo, a quien ama, y le dio un regalo especial, que es la esposa, pues el Padre quiso hacerle bodas a Su Hijo. Leemos en 1 Juan 3:1-2: "1Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es". La Iglesia es muy importante para Dios, y es el regalo especial que el Padre quiere darle a Su Hijo. Este es el negocio más grande que se ejecuta en toda la tierra; es el propósito de Dios. Por favor medite en las maravillosas declaraciones de la Palabra de Dios en Romanos 8:31-39:

"31¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro".

El propósito de Dios en Efesios 3.

El lugar de la Iglesia en el propósito de Dios.

De acuerdo a los capítulos de las cartas de Pablo a los Efesios y Romanos que hemos examinado, todas las cosas acontecen en el propósito de Dios. Al examinar cuidadosamente el capítulo 3 de la epístola a los Efesios, vemos que Pablo tiene una causa: lo que el Señor tiene en Su mente, y Pablo todo lo hace en función de esa causa: el propósito de Dios. Leemos en Efesios 3:1-3: "1Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; 2si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente". En el verso 14 repite: "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo". A Pablo le fue encomendada la economía por la gracia, es decir, el arreglo de Dios, la administración de Su gracia.

Pablo llama a todo, el programa de Dios, el misterio. Lo que él ha escrito se refiere al misterio para alcanzar el propósito. En Efesios 3, Pablo habla de ese propósito eterno. En el verso 11 dice: "...conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor".

Pablo todo lo hace por esa causa en función del propósito de Dios. La razón de nuestro existir es cumplir en Dios Su propósito. Todo lo anterior, conforme al propósito eterno, es algo que Dios ha tenido en Su razón. Y ese propósito lo vamos a ver en Su Iglesia. Economía es más que administración. La economía de Dios es todo un arreglo para que se produzca ese propósito. Al fijar nuestra atención en Efesios 3:3, lo que Pablo ha escrito hasta aquí se relaciona con el misterio. El meollo, el tema central, es el misterio de Cristo. Del Nuevo Testamento en adelante es revelado el misterio de Cristo, que consiste en algo más allá de la muerte en la cruz por nuestros pecados; va mucho más allá de ese fundamento que tenemos, pues ese misterio está constituido por la Iglesia. El misterio de Dios es Cristo, y el misterio de Cristo es la Iglesia, donde El se incorpora. La Iglesia es el vaso que Dios ha diseñado para contenerse en él; la Iglesia es un organismo para Dios. La obra maestra de Dios es la Iglesia; no existe en el universo otra cosa que Dios esté realizando más hermosa que Su Iglesia. No hay obra maestra de Dios más grande que Su Iglesia.

¿Para qué nos salvó Dios? A Pablo le es revelado ese misterio. En el verso 6 está lo fundamental, el objetivo, cuando dice: "...que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio".

El misterio de Cristo no es sólo un Cristo crucificado, sino además resucitado, incorporado, formándose y creciendo en la Iglesia para El mismo expresar a Dios; es el vaso que Dios ha diseñado para sí mismo y reunir alrededor de El todas las cosas. Dios quiere expresarse El mismo, y la Iglesia es el Cuerpo, es el vehículo, es el mecanismo de la sabia de Dios, creciendo y desarrollándose a través de muchas ramas.

Dios había hecho una promesa en Cristo, la simiente de Abraham; y el evangelio es el medio que Dios utiliza para hacernos copartícipes, coherederos y miembros de ese Cuerpo de Cristo. Jesús es la Cabeza, la Iglesia es el Cuerpo. Seguimos leyendo en el verso 7: "del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder". Lo que nos hace ministros, o sea servidores de Dios, es el don de la gracia que opera en cada uno, según el poder de Dios; según la operación de Su poder. Cuando el poder va actuando en ti, te da el don de poder actuar. Luego en el verso 8 dice: "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo". Pablo se refiere al evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y eso significa que descubrimos algo, pero después seguimos descubriendo. Además de predicar el evangelio, Pablo debe aclarar la economía del misterio escondido desde los siglos en Dios, como lo vemos en el verso 9, cuando dice: "...y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas".

Recuérdese que dispensación significa economía. Dios hace una obra perfecta en cada piedra de la Jerusalén celestial.

Continuamos la lectura en el verso 10, así: "...para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor". La multiforme sabiduría de Dios debe ser conocida a través de la Iglesia.

La Iglesia es un drama espectacular expuesto a multitud de miradas; la Iglesia es un espectáculo no sólo al mundo, sino a los ángeles y a los hombres. En 1 Corintios 4:9, leemos: "Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres". La casa que Dios está haciendo es una casa espiritual, es una realidad espiritual; realmente lo que es Dios en ti y en todos; lo que somos cada uno; eso es lo que le importa a Dios. Todo lo que Dios quería del hombre desde su creación, lo hizo en Cristo, y por eso nos lo dio a nosotros por Su Espíritu. El Espíritu de Dios es incorporado a la Iglesia para expresar a Dios ante esos espectadores.

Volvemos a la epístola a los Efesios y leemos los versos 12 y 13: "...en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria". Cristo es el hombre perfecto; en El podemos confiar; y por eso Dios nos da a Cristo como alimento para que se forme en la Iglesia. Es curioso ver que las tribulaciones de Pablo eran la gloria de otros.

La creación a la luz del propósito eterno de Dios.

Damos un vistazo en el libro de los principios. Dice en Génesis 1:14-16: "Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas". Entramos a ver lo relativo a la creación, a la luz del propósito eterno de Dios. La creación fue hecha para desarrollar ese propósito. Así vemos los cielos, la tierra y el hombre. En el libro del profeta Zacarías 12:1b dice: "Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él". Respecto de los cielos, dice que Él los extiende; respecto de la tierra, Él la funda.

La tierra es importante porque es el punto de beneficio en todo el universo. Tan importante es la tierra, que Dios la colocó en el punto exacto, donde convergen las criaturas que El describe en Su Palabra.

Para que la tierra esté en la posición donde se encuentra, en su órbita exacta, los otros planetas deben hallarse donde están, y fueron colocados allí por Dios para ese fin; en un juego de fuerzas gravitacionales, que permiten el beneficio de la tierra. Dios ha hecho de la tierra algo especial, con un propósito especial, propósito que tiene que ver con la Iglesia.

Dios se ha pronunciado de diferentes maneras, según las circunstancias se ha revelado. Él toma distintos nombres, de acuerdo a la manifestación circunstancial a Su pueblo; según sea la coyuntura.

En Zacarías 12:1 vemos una muy curiosa: respecto a los cielos, los extiende, y respecto a la tierra, la funda. Dios colocó todo con una función específica. En Génesis 1:14, observamos que la palabra "para" hace referencia a un fin. ¿Cuál es ese fin? Separar el día de la noche, servir de señales para las estaciones, para días y años; a fin de que los hombres podamos contar el tiempo y beneficiarnos de sus modalidades. Y complementa en el verso 17, diciendo: "Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra...".

Todo lo demás lo hizo en función de la tierra. Dios se declara ser además Aquel que forma el espíritu del hombre dentro de él.

Es un juego de fuerzas gravitacionales, dando todo el beneficio a la tierra, asignándole así convenientemente su tamaño, su eje de gravitación, para que fuese un lugar privilegiado en todo el concierto del universo de Dios. Dios funda la tierra donde se concentra el beneficio para ella. En Job 38:4-7, encontramos que Dios fundó la tierra con unas medidas precisas. Allí dice: "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular, cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?". Al escudriñar las escrituras vemos entonces que el cielo es para la tierra, para su beneficio, y que la tierra es para el hombre, y maravillosamente el hombre es para Dios. Dios le dio un espíritu al hombre, para que en ese espíritu more el Espíritu de Dios.

Leemos en Génesis 1:26: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra". En este versículo vemos que por primera vez Dios abre Su boca para revelar lo que había en Su corazón, y allí empieza a manifestar el propósito por el cual había fundado la tierra y expandido los cielos. En el trasfondo, vemos el amor con que Dios ha hecho todo; el amor que satura Sus propósitos. El amor se nota por la elección, y la elección por los detalles. Todo ello demuestra lo especial que somos para Dios. Detrás de todo se descubre que está la mano de Dios, y Dios es amor.

Todo este universo fue creado por amor por nuestro poderoso Dios, y muchos científicos lo admiten y lo creen. Los padres de la ciencia en su mayoría son creyentes. Einstein, por ejemplo, hablaba de "bordear el pensamiento de Dios". En todo esto vemos una panorámica del cielo hacia la tierra, y en la tierra el hombre con su espíritu para trazar el cumplimiento de su propósito divino.

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