Los laureles de la victoria
“He peleado la buena batalla,.... Ahora me espera la corona...”
2 Timoteo 4:7-8
La última olimpiada fue en Grecia, cuna de los juegos olímpicos. Como celebración histórica, los vencedores recibían no solo la medalla, sino también una corona de hojas de oliva.
Con seguridad, los juegos olímpicos estaban en la mente de Pablo, cuando le escribió a Timoteo sobre la corona que le esperaba. Pablo había “corrido el maratón de la fe y había combatido el buen combate”. La carrera del discipulado promete combate y un premio mucho mejor que una corona de laureles. Al escribir a Timoteo dijo: “ y ahora me está esperando el premio de la victoria, que es dado al que vive una vida correcta, el premio que el Señor, el justo juez, me dará en aquel día, y no solamente a mi, sino a todos los que aman su venida.” (2Timoteo 4:8)
Podemos desanimarnos durante la carrera, pensando que hemos progresado poco. A veces pensamos desistir. Corremos por la pista de la obediencia – o por lo menos tratamos, pidiendo la ayuda de Dios para permanecer fieles aún en las pequeñas cosas de cada día. Recordemos, por tanto, que la corona de la justicia ya nos está esperando en la mano del Rey. Esperemos el día en que Él mismo colocará en nuestras cabezas, diciendo: “Muy bien, buen siervo y fiel!”. (Mateo 25:14-30)
Piensa
La carrera del discipulado promete un premio mucho mejor que una corona de laureles.
Ora
Señor, a veces nos sentimos exaustos y desanimados. Hay momentos que estamos determinados a desistir. Te suplicamos que renueves nuestro espíritu y mantengas nuestra mirada en tí. Amén.
viernes, 30 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario